- el tipo de cáncer (el tipo de células anormales que provocan el cáncer)
- el estadio del tumor (es decir, cuánto cáncer se ha extendido en el cuerpo, si es que esto ha ocurrido)


La quimioterapia se suele administrar durante varias semanas o meses. Con frecuencia, se coloca un catéter debajo de la piel en un vaso sanguíneo de mayor tamaño ubicado en la parte superior del tórax. De esta forma, se pueden administrar varias dosis de quimioterapia y otros medicamentos a través del catéter, sin necesidad de realizar un nuevo pinchazo. El catéter permanece debajo de la piel hasta que se completa el tratamiento contra el cáncer.
En la radioterapia se utilizan ondas de alta energía, como los rayos X (ondas invisibles que traspasan casi todas las partes del cuerpo), para dañar y destruir las células cancerosas. Esto puede hacer que los tumores se achiquen e incluso que desaparezcan por completo. La radioterapia es uno de los tratamientos más comunes contra el cáncer. En muchas personas, el cáncer desaparece después del tratamiento con rayos.
Tanto la quimioterapia como la radiación provocan efectos secundarios. Un efecto secundario es un problema adicional causado por el tratamiento. La radiación y los fármacos contra el cáncer son muy buenos para destruir células cancerosas, pero, lamentablemente, también destruyen células sanas. Esto puede causar algunos problemas, como pérdida del apetito, cansancio, vómitos o la caída del cabello. En el caso de la radiación, la piel de la zona tratada puede enrojecerse o irritarse. Pero, una vez finalizado el tratamiento, todos estos problemas desaparecen y el cabello vuelve a crecer. Existen medicamentos capaces de lograr que un niño se sienta mejor durante el tratamiento.
Mientras se encuentra en tratamiento, es posible que un niño no pueda ir a la escuela o estar en lugares con mucha gente: el niño necesita descansar y no puede arriesgarse a contraer infecciones, como la gripe, cuando ya ni siquiera se siente bien.
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